En Bolivia


 
Según el informe mundial de la infancia 2007 presentado por UNICEF, 275 millones de niños y niñas de todo el mundo sufren a causa de la violencia domestica y padecen las consecuencias de una turbulenta vida familiar, dejando en ellos severas consecuencias sobre su presente y su futuro.
En nuestro país el maltrato infantil también forma parte de la realidad cotidiana de muchas familias bolivianas. El ochenta y tres por ciento de los niños, niñas y adolescentes en Bolivia son castigados física y psicológicamente. Tres de cada diez niños son víctimas de maltrato psicológico y seis de cada diez de maltrato físico y 4 de violencia sexual. Muchos casos quedan sin ser denunciados. (UNICEF 2008).
El 2003 el castigo físico fue ejercido contra aproximadamente 2 millones hijos(as) y el psicológico contra 1.8 millones en Bolivia cuando al población total asciende a 4.1 millones de niños, niñas y adolescentes.
En la ciudad de La Paz las Brigadas de Protección a la familia Y las Defensorias de la Niñez y adolescencia en sus registros atendidos dan cuenta de la magnitud del problema. De las nueve defensorias que existe la más concurrida es la del distrito 1 y 2 que corresponde a Max Paredes y Cotahuma las cuales atienden un promedio de 6 a 8 casos por día. (UNICEF 2008).
En el año 2006 la Alcaldía de La Paz realizo una encuesta que muestra una realidad mucho más dramática puesto que los datos revelaron que de cada 10 niños que habitan en la ciudad 9 sufren maltrato en el hogar o en la escuela.
Según la edad se mostró que el grupo mas maltratado en el hogar fueron niños y niñas de cuatro a ocho años con un 82% y 88%. En cambio los niños de doce años son los más propensos a recibir maltrato en las escuelas, mientras que los jóvenes a partir de los 16 son victimas de maltrato generalmente en sus barrios.
Las formas de maltrato son diferentes pero se nota un mayor énfasis en el maltrato físico y psicológico: palmadas, sopapos, golpes de puño, de chicote, con manguera, con soga, gritos… Otros optan por castigar a los niños quitándoles la ropa, privándoles de alimentación, mojándolos, encerrándoles, ignorándolos, imponiéndoles más tareas y en algunos casos dejándoles fuera de la casa.
El castigo corporal ejercido contra niños, niñas y adolescentes en el contexto familiar es legal dentro de diferentes países de Latinoamérica. En Bolivia, el código penal no considera disposiciones jurídicas claras en torno al maltrato infantil: en definitiva si un progenitor golpea a su hijo en el hogar es un hecho aceptable culturalmente como un medio para educarlos correctamente. De esta manera, la cantidad de niños que pueden contar con hogares libres de violencia es bastante reducida.
Son diversas las consecuencias que conlleva el maltrato infantil en quienes lo experimentan: daños físicos y psicológicos, ansiedad, temor, depresión y baja autoestima. Estos pueden afectar a la dignidad personal y el desarrollo sano de niños y adolescentes cuyos derechos son vulnerados y que pueden encontrar en la droga, el alcohol o la vida en la calle una alternativa para escapar a la dolorosa realidad que les toca vivir.
Lo más preocupante de esta condición social es que existen pocas instituciones especializadas en el país que brindan servicios a niños que sufrieron maltrato. Cuando existen estos casos lo que se hace es buscar instituciones que trabajan con niños en situación de calle o se los lleva a hogares de adopción lo que daña más la solución del problema puesto que no se trabaja ni con el niño maltratado ni con la familia violenta.
Ante este panorama nace Ichuri, una Fundación Boliviana interesada en trabajar con niños y niños y adolescentes en situación de maltrato, y ofrecerles un mayor bienestar a través del fortalecimiento de sus familias generando a su vez una importante concientización social en torno a esta problemática.

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